En ocasiones, se tacha peyorativamente a los detectives privados de “espías”. Así lo hacen quienes no tienen la más remota idea de lo que son los detectives privados (más de un periodista que conozco debería repasarlo). Un detective privado no es un espía, hay una sutil pero a su vez enorme diferencia. El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define al “espía” de la siguiente forma:

Espía (Del gót. *spaíha)
1. com. Persona que con disimulo y secreto observa o escucha lo que pasa, para comunicarlo a quien tiene interés en saberlo.

Aunque muchos periodistas consideren palabras sinónimas “detective privado” y “espía”, y piensen erroneamente que podrían definirse con la acepción anterior. Más les valdría saber que la definición de detective privado encajaría tanto ahí como la de “policía” a “secuestrador”. Falta un importante detalle que nos diferencia de los espías. Volveré a escribir la definición, de manera que se aproxime a lo que son los detectives privados:

1. com. Persona que con disimulo y secreto observa o escucha lo que pasa, para comunicarlo a quien tiene un interés legítimo en saberlo.

Esa es la diferencia: la legitimidad (algo conforme a leyes) que envuelve nuestro encargo, nuestros métodos, etc. La legitimidad es una diferencia sutil, que a algunos puede parecer insignificante, pero la ausencia de ésta podría hacer que un “policía” se convirtiera de manera instantánea en un “delincuente”, en un “secuestrador”, si en lugar de detenerse a un ciudadano para ponerlo a disposición judicial, se hiciera por puro interés económico.

Una vez más, me he ido por los cerros de úbeda, ya que tenía pensado hablarles nuevamente de técnicas de protección de datos y mi introducción se ha convertido casi en el tema principal. Pasemos a la materia de la que quería hablarles hoy.

Hoy en día, a nadie le sorprende que se pueda leer casi a diario en los medios de comunicación, que somos masivamente espiados.

Recientemente, se hacía público que determinadas potencias (por no decir una en concreto, ya que seguramente lo hagan todas), espían de manera sistemática a los líderes mundiales (aliados incluidos), y a la ciudadanía en general. El espionaje masivo, llegamos a verlo (y hasta a aceptarlo) como un mal “menor”: como la polución, o el ruido de las grandes ciudades. Aceptamos ser espiados casi como el que acepta tácitamente que una ración de comida basura le acarreará inexorablemente una subida en los niveles de colesterol, azúcar y le proporcionará un buen estímulo al sempiterno michelín. Así somos los seres humanos, nos acostumbramos con facilidad, estoicismo y suma paciencia a las adversidades.

No debería ser así. Al menos, pongámosle las cosas difíciles a estos “fisgones”:

Hace unos días, presentamos aquí Truecrypt, una útil herramienta de cifrado que podemos emplear para proteger desde un archivo, hasta un pendrive o un disco duro. Hoy les recomendaré otra herramienta, pero haciendo hincapie en el concepto de encapsulación, al que me gusta referirme alegóricamente como matrioska o muñecas rusas.

La encapsulación es la base de la protección de la información. Cuando queremos enviar cierta infomación sensible a través de un medio “inseguro” solemos emplear un método de protección o cifrado de esa información para poder transportarla con ciertas garantías. Al cifrar la información, lo que estamos haciendo es meterla en una caja fuerte (encapsulándola). Esta técnica también se emplea sobre medios de transporte o almacenamiento seguros (metemos una muñeca rusa, dentro de otra, incrementando así la seguridad). Si en la actualidad, ya sólo se puede fiar uno de la madre que le parió (salvo si descubres que trabaja para la CIA) ¿cómo nos vamos a fiar de Telegram, Dropbox, etc? quienes aseguran que no leen ni leerán nuestra información y que la protegen con técnicas de cifrado que ni ellos mismos pueden abrir. Para esto vamos a usar la encapsulación o, si me siguen permitiendo el símil, vamos a usar la matrioska o muñecas rusas, es decir, vamos a proteger o cifrar la información que depositaremos o enviaremos a través de medios a priori seguros (clouds o aplicaciones de mensajería con cifrado).

Para este fin, les recomiendo que prueben Truecrypt y la comparen con alguna herramienta de cifrado que incorpore algún mecanismo de interoperabilidad con estos servicios (que automaticen o faciliten el proceso de cifrado y recuperación de información). Si son usuarios de OS X, pueden probar Krypton, una herramienta que además de cifrar todo tipo de carpetas y archivos, también permite proteger la información que subamos a Dropbox. Si utilizan windows hay una gran variedad de herramientas de cifrado con las que podrán “encapsular” su información dentro de una muñeca rusa, poniéndola a buen recaudo de las miradas indiscretas de quienes trabajan para esas superpotencias y ceden sus datos por una palmadita en la espalda.

Fotografía: Manuel Martín Vicente

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